En el dintel de entrada a la ermita de la Virgen de Vida, en Cistella, se puede leer la inscripción en latín: «FRANCISCO VEHI ME FECIT 1695 RECTOR HUIUS PARROQUIAE.
AVE MARIA ANUNTIASIONSIS TE VITE SINE PECATO CONCEPTA», que se traduce como «Francisco Vehí, párroco de esta parroquia, me hizo en 1695. Ave María de la Anunciación y de la Vida, concebida sin pecado». El párroco Francesc Vehí fue el promotor de las obras de reforma del edificio a finales del siglo XVII.
Tiene un origen medieval relacionado con la protección de la salud, ya que la devoción a la Virgen de Vida se intensificó en el pueblo como recurso espiritual ante las epidemias de peste que afectaron a la comarca. Durante la Guerra Civil (1936-1939), la ermita sufrió el saqueo y la profanación de su interior, perdiéndose los altares y la imagen original de la Virgen, un destino compartido por muchos templos de la zona. Pese a los daños materiales sufridos durante el conflicto, la estructura de piedra de la fachada y sus inscripciones permanecieron intactas.










